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viernes, 31 de octubre de 2025

ENTRE LA CIENCIA Y EL HORROR.: ESPECIAL HALLOWEEN ANATÓMICO 2025

 

Entre la ciencia y el horror: Frankenstein, el estudio de la anatomía humana y los ladrones de cadáveres

   A comienzos del siglo XIX, Europa vivía una fiebre por el conocimiento del cuerpo humano. Los avances en medicina y electricidad alimentaban la esperanza —y el miedo— de que la ciencia pudiera desafiar los límites de la vida y la muerte. En ese mismo ambiente nació Frankenstein o el moderno Prometeo (1818), la célebre novela de Mary Shelley, que reflejaba la fascinación y la inquietud de su tiempo.

   La famosa historia cuenta cómo Víctor Frankenstein, un joven científico obsesionado con descifrar el misterio de la vida, logra dar movimiento a una criatura creada a partir de restos humanos profanados de los cementerios cercanos. Lo consigue, sin embargo, horrorizado por su propia obra, la abandona, y el ser —dotado de inteligencia y sentimientos— se convierte en un símbolo trágico de la ciencia que supera los límites morales de su creador. 

   Lógicamente, el popular personaje acabó saltando de las páginas al celuloide. Desde su primera aparición en el cine, el mito de Frankenstein ha sido reinterpretado de múltiples formas, reflejando los miedos y aspiraciones de cada época. La versión clásica de 1931, dirigida por James Whale y protagonizada por Boris Karloff, definió la imagen icónica del monstruo con sus tornillos en el cuello y su andar torpe, convirtiéndose en un símbolo del cine de terror. Su secuela, La novia de Frankenstein (1935), añadió una dimensión más humana y trágica al relato, explorando la soledad del ser creado. Décadas después, La maldición de Frankenstein (1957) del estudio británico Hammer revitalizó la historia con un tono más sangriento y colores intensos, marcando el inicio del terror moderno. En los años setenta, El joven Frankenstein (1974) de Mel Brooks transformó el mito en una brillante parodia en blanco y negro, homenajeando y burlándose al mismo tiempo de los clásicos. Finalmente, Frankenstein de Mary Shelley (1994), dirigida por Kenneth Branagh, buscó mayor fidelidad a la novela original, profundizando en el dilema ético y emocional del creador frente a su criatura. Cada una de estas versiones ha contribuido a mantener viva la reflexión sobre los límites del conocimiento y las consecuencias del poder científico.

Boris Karloff

Mítica escena de la versión de 1931

La novia de Frankestein (1935)

El jovencito Frankestein (1974)

Detrás de esta obra de ficción se esconde una realidad más oscura: los resurreccionistas, bandas clandestinas que desenterraban cadáveres para venderlos a escuelas de anatomía durante el siglo XVIII. Mientras los científicos buscaban comprender el funcionamiento del cuerpo, estos ladrones les proporcionaban el material necesario para sus experimentos. Así, el mito del doctor Frankenstein y la práctica real del robo de cuerpos se entrelazan en una historia donde la curiosidad científica y el dilema ético caminan de la mano.

Robo de cuerpos: ¿mito o realidad?

Los orígenes del estudio del cuerpo humano

   El interés por comprender el cuerpo humano se remonta a las primeras civilizaciones. En el Antiguo Egipto, los sacerdotes y embalsamadores ya poseían conocimientos básicos de anatomía gracias a las prácticas de momificación. Más tarde, en la Grecia clásica, pensadores como Hipócrates y Aristóteles sentaron las bases de la medicina racional, aunque sus observaciones eran limitadas por la prohibición de diseccionar cuerpos humanos.

   Durante el Imperio Romano, Galeno de Pérgamo realizó estudios anatómicos en animales, elaborando teorías que dominarían la medicina europea durante más de mil años. No fue hasta el Renacimiento cuando la disección humana se convirtió en una herramienta legítima de estudio. Figuras como Andreas Vesalio, con su obra De humani corporis fabrica (1543), revolucionaron la anatomía al basar sus descripciones en observaciones directas del cuerpo.

   Sin embargo, incluso después de estos avances, la disección seguía rodeada de tabúes religiosos y legales, y el acceso a cadáveres era muy restringido. Esta limitación preparó el terreno para las prácticas clandestinas que caracterizarían a los siglos siguientes, especialmente el XVIII, cuando la demanda de cuerpos para la enseñanza médica superó por mucho su disponibilidad legal.

Lección de anatomía de Rembrandt

   Durante los siglos XVIII y XIX, el estudio del cuerpo humano alcanzó un nuevo impulso gracias al auge de las escuelas médicas y al interés científico por la anatomía. Sin embargo, la escasez de cuerpos legales para la disección llevó a la aparición de los llamados resurreccionistas o body snatchers: individuos que desenterraban cadáveres de los cementerios para venderlos a universidades y anatomistas. Aunque esta práctica era ilegal y moralmente controvertida, permitió a los médicos realizar estudios detallados sobre órganos, músculos y sistemas internos, sentando las bases de la medicina moderna. El escándalo social que generaron estos robos culminó en la promulgación de la Ley de Anatomía del Reino Unido de 1832, que legalizó el uso de cuerpos no reclamados y donados para la enseñanza médica. Esta legislación marcó un punto de inflexión: puso fin a la era de los resurreccionistas y consolidó el estudio anatómico como una práctica científica legítima y regulada.El legado de los anatomistas de Edimburgo

   En la ciudad escocesa de Edimburgo, uno de los principales centros de enseñanza médica del siglo XIX, el robo de cuerpos se convirtió en una industria secreta. Los estudiantes y profesores necesitaban material para sus clases de anatomía, y los resurreccionistas abastecían esa demanda. Fue allí donde el doctor Robert Knox, un respetado anatomista, adquirió notoriedad por sus detalladas demostraciones. Sin embargo, su nombre quedó manchado tras el caso de Burke y Hare (1828), dos hombres que, al ver el negocio lucrativo, pasaron de desenterrar cadáveres a asesinar personas para vender sus cuerpos a Knox. El escándalo fue tan grande que llevó directamente a la aprobación de la Ley de Anatomía de 1832, que legalizó la obtención de cadáveres y erradicó gran parte del mercado negro. 

El negocio del robo de cadáveres fue próspero en el s. XVIII

Las “escuelas clandestinas” de Londres

   En Londres, muchos anatomistas del siglo XVIII —como William Hunter y su hermano John Hunter— dependían de los resurreccionistas para sus investigaciones. Los Hunter realizaron cientos de disecciones ilegales que, aunque polémicas, permitieron grandes descubrimientos sobre el sistema circulatorio, el desarrollo fetal y la cirugía experimental. John Hunter, de hecho, es considerado el “padre de la cirugía moderna”, y su museo anatómico se convirtió en una de las colecciones más completas de su tiempo, en buena parte gracias a cuerpos obtenidos de manera ilícita. 

Muchos de los cuerpos tenían dudosa procedencia

Los anatomistas estadounidenses y el miedo al desentierro

   En los Estados Unidos, el problema también fue común. En ciudades como Nueva York y Filadelfia, los estudiantes de medicina dependían del robo de cuerpos —muchas veces de cementerios de comunidades pobres o afroamericanas— para poder practicar. En 1788, un estudiante fue sorprendido manipulando un cadáver en una escuela de Nueva York, lo que provocó el “Resurrection Riot”, una revuelta popular contra las escuelas médicas. A pesar del escándalo, estas prácticas impulsaron el desarrollo de la formación anatómica universitaria en el país. 

Para poder estudiar eran necesarios los cuerpo muertos

   En la actualidad, el uso de cadáveres donados voluntariamente se ha convertido en una práctica esencial, regulada y éticamente controlada en la enseñanza y la investigación médica. Gracias a los programas de donación anatómica, las universidades y centros de salud pueden estudiar la anatomía humana de forma respetuosa y segura, sin recurrir a prácticas ilegales como en siglos pasados. Estos cuerpos permiten a los estudiantes aprender técnicas quirúrgicas, comprender la fisiología real y desarrollar nuevos procedimientos médicos que salvan vidas. Además, los avances tecnológicos —como la realidad virtual, la impresión 3D y los modelos digitales anatómicos— complementan el uso de donaciones, reduciendo la necesidad de material biológico. Así, la donación del cuerpo a la ciencia se considera hoy un acto altruista y de gran valor social, que continúa impulsando el conocimiento médico y el bienestar humano.

Cuerpo plastinado: arte y ciencia 

    La historia de los resurreccionistas nos recuerda que el conocimiento científico no siempre avanza por caminos luminosos. Gracias a sus controvertidas acciones, los anatomistas pudieron descifrar la complejidad del cuerpo humano y sentar las bases de la medicina moderna: desde la cirugía y la anatomía clínica hasta los trasplantes y la comprensión de enfermedades que hoy salvan millones de vidas. Lo que en su tiempo fue un acto prohibido impulsó, paradójicamente, el progreso que ha mejorado la calidad de vida de la humanidad. En ese sentido, el mito de Frankenstein simboliza no solo el miedo a la ciencia que desafía los límites naturales, sino también la eterna tensión entre la curiosidad humana y la responsabilidad ética que acompaña todo descubrimiento.

"Qué peligrosa es la adquisición de conocimiento y cuán más feliz es el hombre que cree que su pueblo es el mundo, que el que aspira a ser más grandioso de lo que le permite su naturaleza"

Frankenstein o el moderno Prometeo

Mary Shelley   

viernes, 6 de junio de 2025

“Fetus in fetus: Causas, Cirugías y Desafíos Médicos”

  


   Qué pasaría si tu peor enemigo viviera dentro de ti… literalmente? Aunque suena a trama de película de terror, fetus in fetu es una rara condición médica con raíces biológicas reales. Este fenómeno, en el que un gemelo no desarrollado permanece dentro del cuerpo de su hermano, ha inspirado impactantes representaciones en el cine, como en la inquietante película Malignant de James Wan. En este post exploramos la sorprendente base científica de fetus in fetu y cómo el cine ha transformado esta anomalía en pesadilla.

1. Sinopsis 

   Madison Mitchell, una mujer que sufre violencia doméstica, comienza a experimentar visiones aterradoras de asesinatos brutales justo después de un ataque por parte de su esposo. A medida que los crímenes se multiplican, Madison se da cuenta de que las escenas que presencia en sus visiones son reales.

Madison, la protagonista de Malignant

   A través de la investigación, se revela que Madison tuvo un gemelo parasitario llamado Gabriel, una entidad maligna unida a su cuerpo desde su nacimiento. Gabriel fue parcialmente extirpado en su infancia, pero una parte de él quedó latente en su cerebro. Debido a un trauma reciente, Gabriel "despierta" y comienza a controlar su cuerpo, cometiendo asesinatos como venganza hacia quienes participaron en la cirugía que intentó separarlos.

La verdad que no tiene desperdicio la película

   La película mezcla horror psicológico, gore y elementos sobrenaturales con una base muy libremente inspirada en el fenómeno médico real de los gemelos parasitarios. Gabriel se manifiesta físicamente cuando toma el control del cuerpo de Madison, deformando su cuerpo al "salir" por la parte posterior de su cráneo.

Aquí viene Gabriel

   2. Gemelos siameses: conectados desde el nacimiento 

   Los gemelos siameses son un fenómeno extremadamente raro en la naturaleza humana, que ocurre cuando dos bebés nacen físicamente unidos entre sí por alguna parte de su cuerpo. Este tipo de gemelación se conoce científicamente como gemelos unidos y representa una forma inusual de embarazo en la que  ambos gemelos se encuentran dentro del mismo saco amniótico y comparten la misma placenta.

   Biológicamente, los gemelos siameses se originan de la misma manera que los gemelos idénticos: a partir de un solo óvulo fecundado que se divide accidentalmente para formar dos embriones. Sin embargo, en el caso de los siameses, esta división ocurre de forma incompleta o tardía, generalmente después del día 13 de gestación. Como resultado, los embriones no se separan completamente y permanecen conectados en alguna parte del cuerpo: pecho, abdomen, cabeza, columna vertebral, entre otras.

¿Por qué se dan los siameses?

   La ubicación y extensión de la unión depende del momento exacto y la forma en que se detuvo la separación. En algunos casos, los gemelos comparten órganos vitales, lo que puede dificultar gravemente la posibilidad de separación quirúrgica o afectar su viabilidad.

Los siameses Chang y Eng con dos de sus 21 hijos

   Este fenómeno ocurre en aproximadamente 1 de cada 50.000 a 200.000 nacimientos, y la tasa de supervivencia es baja: muchos fetos no sobreviven hasta el nacimiento o fallecen poco después. La operación quirúrgica es delicada e implica un elevado riesgo para los gemelos. No obstante, gracias a los avances médicos, cada vez hay más casos exitosos de separación y de gemelos siameses que llevan vidas plenas, incluso si permanecen unidos.

  Este tema ya había sido tratado con anterioridad en el blog, en la entrada sobre la película "Pegado a ti"  por lo que quiero darle otra vuelta de tuerca al tema y abordar el tema de los gemelos parásitos o heterópagos. 

3. Dentro de tí. "Fetus in fetus" 

   Los gemelos heterópagos, también conocidos como gemelos parásitos, constituyen una variante extremadamente rara de los gemelos siameses. En estos casos, uno de los embriones (el gemelo "parásito") no se desarrolla completamente y nace adherido al cuerpo del otro gemelo (el gemelo "autónomo" o "hospedador"), que sí tiene una estructura funcional y viable.

gemelos heterópagos

   Desde el punto de vista biológico, los gemelos heterópagos se originan igual que los siameses: a partir de la división incompleta de un óvulo fecundado. Sin embargo, en este caso, la diferencia radica en que uno de los embriones deja de desarrollarse correctamente durante las primeras etapas del embarazo y termina dependiendo completamente del otro para sobrevivir.

   El gemelo parásito suele carecer de órganos vitales, como cerebro o corazón, y puede presentarse como una masa de tejidos o estructuras anatómicas parciales (brazos, piernas, órganos rudimentarios) adheridas a distintas partes del cuerpo del gemelo hospedador, comúnmente en el abdomen, tórax o pelvis. En rarísimas ocasiones, el parásito se encuentra en el interior del cuerpo del gemelo hospedador, una condición conocida como fetus in fetu.

   Los gemelos heterópagos se pueden dividir en tres tipos:

  • Parásitos onfalópagos: Presentan un pequeño cuerpo colgando de la zona abdominal del huésped.  
  • Parásitos dípigos o pigomelia: Consiste en la duplicación de las extremidades inferiores. En los dípigos completos una pequeña pelvis pende sobre la normal y la persona ejerce control activo sobre sus cuatro piernas. En la mayoría de los casos presentan sin embargo piernas poco desarrolladas unidas a la pelvis única. 
  • Parásitos craniópagos: Presentan otra cabeza unida a la parte superior de la principal. El caso más antiguo y famoso conocido es el Niño con dos cabezas de Bengala.

Gemelos onfalópagos

Gemelos dípigos

Gemelos craniópagos

   La primera descripción confiable de gemelos unidos parásitos fue realizada en el siglo XVI por Ambroise Paré, cirujano francés que describió un cuerpo acéfalo unido al abdomen de uno de sus pacientes. Si la probabilidad de que en un nacimiento nazcan siameses es ya de por sí baja, la casualidad en este caso es muchísimo más extraña: un estudio europeo realizado sobre casi 5 millones de neonatos, encontró una prevalencia de 0.02 nacimientos por cada 100.000. De acuerdo a un artículo publicado en BBC News, solamente 40 a 50 casos de gemelos parásitos han sido documentados en la literatura médica mundial. Se desconoce con precisión su tasa de incidencia, aunque un estudio científico publicado en 2018 estima que afectan a menos de uno de cada millón de nacimientos en todo el planeta.

   Esta excepcional circunstancia es posible visualizarla durante el embarazo gracias a una ecografía, aunque en algunos casos no se detecta hasta el el momento del nacimiento. El tratamiento habitual es quirúrgico y consiste en extirpar el tejido parásito, especialmente si representa un riesgo para la salud del gemelo hospedador. Es importante hacerlo puesto que el gemelo parásito aprovecha los nutrientes del hospedador para alimentar los órganos formados, y de esta forma supone un peligro para la supervivencia del individuo completo. 

Escena de Desafío Final

   En la película «Desafío Total» uno de los rebeldes se abre la camisa y deja ver una de las extrañas malformaciones que tienen lugar entre los habitantes del planeta: en su torso tenía alojado un gemelo no desarrollado totalmente.

    A pesar de la dificultad, algunas operaciones quirúrgicas, pese a lo delicadas que resultan son llevadas a cabo con éxito. En 2007, un equipo de cirujanos en la India llevó a cabo una compleja y delicada operación para separar a Lakshmi Tatma, una niña que nació con cuatro brazos y cuatro piernas debido a que su cuerpo absorbió parcialmente a un gemelo no desarrollado. La intervención, que duró más de 24 horas y requirió la participación de más de 30 médicos, consistió en remover los miembros adicionales y reconstruir partes esenciales de su cuerpo. Los cirujanos tuvieron que reconstruir el anillo pélvico de la pequeña, así como extirparle los brazos, las piernas y los riñones inservibles de su gemela parásita. La operación fue un éxito y marcó un hito médico, permitiendo que Lakshmi pudiera llevar una vida más funcional y saludable.

Lakshmi

    Históricamente, las personas con malformaciones congénitas severas, como los gemelos parasitarios, fueron marginadas, ridiculizadas y exhibidas en espectáculos públicos conocidos como "circos de los horrores", donde su condición era explotada como una curiosidad morbosa. Esta deshumanización no solo alimentó el estigma social, sino que también invisibilizó sus necesidades médicas reales. 
 
   Afortunadamente, el progreso científico y el desarrollo de una medicina más ética y centrada en el paciente han permitido mejorar considerablemente estas condiciones, abordándolas desde una perspectiva clínica, humanista y respetuosa. Hoy, gracias a los avances en diagnóstico por imagen, cirugía reconstructiva y cuidados integrales, es posible no solo mejorar su salud física, sino también ofrecerles una vida digna, con inclusión social y autonomía funciona
 
Lahksmi operada con éxito 
   
   Los casos de gemelos parasitarios constituyen un reto significativo para la medicina contemporánea, tanto desde el punto de vista diagnóstico como terapéutico. La planificación quirúrgica requiere una comprensión detallada de las estructuras anatómicas compartidas, así como una evaluación multidisciplinaria que considere riesgos, pronóstico funcional y viabilidad a largo plazo. Más allá del abordaje clínico, estas situaciones plantean cuestiones bioéticas complejas que obligan a reflexionar sobre los límites de la intervención médica y el respeto a la individualidad del paciente. La medicina y la cirugía continúan avanzando en su capacidad para ofrecer soluciones personalizadas, pero es fundamental que estos progresos se integren con un enfoque centrado en la persona, garantizando una atención segura, ética y humanizada. 

 - "Yo nunca pedí estar pegado a ti" 

Gabriel a Madison en Malignant 

sábado, 5 de octubre de 2024

VIKINGOS, SETAS Y RENOS VOLADORES

   Los vikingos fueron un grupo de pueblos escandinavos originarios de las actuales Noruega, Suecia y Dinamarca, conocidos por sus habilidades como guerreros, navegantes, comerciantes y colonizadores entre los siglos VIII y XI. El término "vikingo" deriva de la palabra nórdica antigua "vikingr", que hacía referencia a las feroces expediciones de saqueo y comercio que estos pueblos realizaban.

    Sus barcos, conocidos como drakkars, eran rápidos, ágiles y capaces de navegar tanto en mar abierto como en ríos poco profundos. Gracias a ellos y al dominio que demostraron del arte de la navegación, llegaron a lugares tan lejanos como Islandia, Groenlandia e incluso América del Norte. ¿América? Sí, le pese a quién le pese, los vikingos fueron los primeros europeos en llegar al nuevo continente. Liderados por Leif Erikson, un explorador nórdico, llegaron a lo que hoy conocemos como América del Norte alrededor del año 1000 d.C., aproximadamente 500 años antes de Cristóbal Colón.

Los vikingos son famosos por su crueldad y violencia

   La interpretación moderna que han hecho el cine, la literatura y las series de ficción nos ha transmitido una imagen exagerada y distorsionada de la realidad. En ellas, los vikingos suelen ser representados como guerreros violentos y despiadados saqueadores que devastaron monasterios y aldeas a lo largo de Europa. Entre los ejemplos más recientes tenemos películas como "El último reino" o series como "Vikings" o su secuela "Vikingos: Valhalla"

     "Vikings" es un drama histórico creado por Michael Hirst centrado en la vida y las legendarias hazañas del guerrero vikingo Ragnar Lothbrok, un simple agricultor que llega a convertirse en rey de los pueblos nórdicos. A lo largo de las seis temporadas que tiene la serie, se narran sus ambiciones, incursiones y alianzas, así como las traiciones y los conflictos con otros líderes y reinos. No hay un acuerdo firme sobre la existencia real del héroe vikingo. Aunque es una figura central en las sagas nórdicas y en la tradición vikinga, no hay pruebas concluyentes que confirmen que Ragnar haya sido una persona histórica única. Es probable que Ragnar sea un personaje semilegendario, una figura que combina las hazañas de varios líderes vikingos reales.

"Vikings", la vida de Ragnar Lothbrock

   Otro de los vikingos más carismáticos de la historia de la televisión fue "Vickie" el personaje central de una serie de animación infantil de la década de los 80.

   “Vickie, el Vikingo” fue una de las series de dibujos animados más populares entre la actual generación “boomer”, chavales y chavalas que, en la década de los 70, lucían las rodillas peladas de jugar en la calle, merendaban bocadillos de pan con chocolate, olían a Chispas y pasaban las tardes mirando inquisitoriamente al cielo en busca del helicóptero de Tulipán. La serie, creada por el escritor sueco Runer Jonsson, narraba las aventuras y desventuras de un enclenque y miedoso vikingo pelirrojo que vivía en Flake, una pequeña aldea situada en algún lugar imaginario entre Suecia y Noruega. Durante los siete años que se mantuvo en antena, esta serie acercó al público infantil de nuestro país la cultura, las tradiciones y el modo de vida del pueblo vikingo, siempre de una manera amena, entrañable y simpática. 

"Vickie, el vikingo"

   Es curioso, pero si por algo no se caracterizaron estos aguerridos habitantes nórdicos fue por mostrar un carácter ameno, entrañable y simpático en sus visitas. La interpretación moderna que han hecho el cine, la literatura y las series de ficción nos ha transmitido una imagen exagerada y distorsionada de la realidad. En ellas, los vikingos suelen ser representados como guerreros violentos y despiadados saqueadores que devastaron monasterios y aldeas a lo largo de Europa. Pues ni la ternura e inocencia de Vickie ni la crueldad de Ragnar Lothbrok. Como dijo acertadamente el sabio Aristóteles: “la virtud, como siempre, se encuentra en el término medio entre dos extremos malos, el uno por exceso y el otro por defecto”. Pero, vayamos por partes y empecemos por el principio.

   Siempre se ha considerado a los vikingos como un grupo de pueblos nórdicos que vivieron entre los siglos VIII y XI principalmente en Noruega, Suecia y Dinamarca (salvo en la capital española, donde los seguidores del Real Madrid CF lucen hoy en día orgullosos este apelativo). Esta localización geográfica nos lleva inmediatamente a construir el estereotipo de hombres altos, fuertes y musculados, rubios, de tez blanca y ojos azules. 

Un drakkar cargado de vikingos madridistas
 

   En el año 921, la expedición de Ibn Fadlan, a las órdenes del Califa Al-Muqtadir, viajó desde Bagdad hasta la corte del rey de los Búlgaros del Volga para tratar de expandir la religión islámica entre el pueblo búlgaro. La caravana fue asaltada por los vikingos y sus integrantes retenidos. Ibn Fadlan quedó impresionado por el poderoso físico de sus captores.  

«[…] Nunca he visto ejemplares físicos más perfectos, altos como palmeras datileras, rubios y de complexión rubicunda […] cada hombre tiene un hacha, una espada y un cuchillo y no se separa de ellos en ningún momento […]»

   Este es el primer mito que se puede derribar. Un estudio reciente, dirigido por Eske Willerslev, profesor de la Universidad de Cambridge y director del Centro de Geogenética de la Fundación Lundbeck de la Universidad de Copenhague, y publicado en 2023 en la revista Nature, evidenció que no seria extraño encontrar que muchos de ellos no tenían ascendencia escandinava y podían lucir el cabello, los ojos e incluso el tono de piel de un sorprendente color oscuro.

    Aunque la cultura popular los ha retratado como guerreros violentos y crueles, esto no deja de ser otro error más. La realidad nos presenta a un pueblo mucho más complejo. No solo fueron exploradores, comerciantes y colonos, también agricultores, comerciantes y artesanos. Tenían sus propias leyes, componían poesía, y poseían una mitología compleja, con dioses tan conocidos y cinematográficos como Thor, Odín o Loki.  

   A partir del siglo IX, comenzaron a asentarse de forma permanente en los lugares ocupados para pasar el invierno. Muchos de estos asentamientos se prolongarían hasta acabar por dar lugar a ciudades importantes, como Dublín (Irlanda), Jorvik (Reino Unido) o Kiev (Ucrania). De esta forma, los vikingos tuvieron un papel importante en la formación de reinos como el de Inglaterra y Francia. La influencia no acabaría siendo únicamente económica, con el paso de los años, su genoma se acabaría mezclando con el de los habitantes locales. Los estudios genéticos demuestran que el seis por ciento de la población del Reino Unido porta ADN vikingo en sus genes. 

Altos, rubios y fuertes, el típico cliché vikingo

   Fueran o no un pueblo culto en su intimidad, a la postre los registros históricos describen las invasiones vikingas como episodios inesperados, rápidos y extremadamente sangrientos. Eran unos experimentados navegantes y sus espectaculares barcos les permitieron viajar hasta lugares tan lejanos como América del Norte, Rusia, Turquía e incluso las costas del Mar Mediterráneo. Los monasterios cristianos y las pequeñas aldeas y ciudades costeras eran sus objetivos preferidos. Asesinaban a sus habitantes o los convertían en esclavos, robaban sus riquezas, alimentos y reducían a escombros y cenizas todo a su paso. La furia de los Berserker ha sido un tema fascinante y misterioso desde la antigüedad y son varias las teorías que se han propuesto para aclarar el origen de este comportamiento. 

Desembarco vikingo

   En 1784, el teólogo sueco Samuel Ödman publicó “Una tentativa de explicación de la ira de los antiguos guerreros nórdicos berserkers a partir de la Historia Natural” un artículo en el que propuso que los guerreros de elite vikingos actuaban bajo los efectos de un poderoso hongo, que consumían antes de la batalla para alcanzar el estado de trance. Ödman mencionó la Amanita muscaria, también conocida como matamoscas o falsa oronja, una especie que contiene varios compuestos psicoactivos, como el ácido iboténico y el muscimol, que producen efectos tanto a nivel físico como mental. Según su teoría, los guerreros vikingos ingerían un brebaje elaborado con este hongo antes del combate. El efecto de estas sustancias sobre el sistema nervioso provocaría las alucinaciones, la euforia, la agresividad y la sensación de invulnerabilidad y desconexión que los describen.

   En realidad, no hay fuentes históricas directas que confirmen el consumo de este hongo por parte de los berserkers por lo que la veracidad de esta teoría sigue siendo debatida por los historiadores. Además, el consumo de Amanita no siempre produce los efectos esperados. Aparte de náuseas, vómitos y visión borrosa, puede causar letargo extremo e incluso parálisis, efectos lógicamente contraproducentes en una batalla. En su libro “Los emperadores de los sueños: drogas en el siglo XIX”, el especialista Mike Jay concluye, de manera contundente, que la teoría del profesor Ödman, es únicamente un mito, basado en una interpretación moderna equivocada sin pruebas irrefutables que la sostengan.

    Un estudio posterior elaborado en Universidad de Ljubljana por el doctor en etnobotánica Karsten Fatur afirma que existen otras sustancias con la capacidad de provocar la misma sintomatología que mostraban los berserkers en combate. Concretamente Fatur señala como candidata al beleño negro (Hyoscyamus niger), una planta de la familia de las solanáceas rica en Hioscianina, Atropina y Escopolamina, sustancias alcaloides cuya intoxicación provoca efectos similares a los anteriormente mencionados. Históricamente, esta planta ha sido muy apreciada en rituales chamánicos, como anestésico y vinculada a las famosas "pociones de brujas". Durante la Edad Media, llegó a ser utilizada también como aditivo embriagante en la cerveza. Bebida que los vikingos, por supuesto, consumían en ingentes cantidades.

¡Skol!

   Sorprendentemente, el uso ceremonial de la amanita se asocia, también, con la costumbre de beber la orina, ya que varios pueblos, principalmente en Siberia, sabían que los principios psicoactivos del hongo pasan a través del cuerpo sin ser transformados. Cuando el muscimol, la sustancia más activa del hongo, es ingerido, se absorbe en el cuerpo y, al no ser completamente metabolizado, se excreta sin degradarse a través de la orina. Esto permite que, al consumir la orina, el compuesto vuelva a entrar en el cuerpo y produzca efectos similares a los de la ingestión inicial, precisándose una cantidad relativamente pequeña del hongo para prolongar el estado de éxtasis hasta una semana.

    El aventurero alemán Georg Henrich von Langsdorf, uno de los primeros exploradores de la zona de Kamchatka, constató que algunas tribus nativas como los koryak o los chukchis consumían los hongos de esta forma desde tiempos inmemoriales con el objetivo de experimentar unos efectos alucinógenos más potentes y duraderos. Estas prácticas eran habituales entre las etnias siberianas, las cuales posteriormente lo llevaron a través del Estrecho de Bering a Canadá, y desde aquí se difundió por toda América. Se sabe que esta sustancia sería también importante en el soma, una bebida utilizada en las ceremonias religiosas de los arios en la India, hace más de 3000 años.

    La utilización de estas poderosas sustancias como ingredientes habituales en las prácticas rituales, el chamanismo, la brujería y la farmacopea puede ser la explicación científica que se
esconde, no solo la explicación de los vuelos en escoba de las brujas, también la leyenda popular del mismísimo personaje navideño de Santa Claus. 

En esta entrada se desarrolla el tema de la brujería y los hongos

   Una práctica habitual de la tribu sami de Laponia, como ceremonia previa a la llegada del solsticio de invierno, era compartir estas setas con sus renos, a los que utilizaban para metabolizar las toxinas y reducir así su peligrosidad. Después de una ingesta importante, los animales manifestaban un comportamiento inusual, llegando a alcanzar un estado de agitación extrema caracterizado por carreras y saltos, tan descontrolados que parecía incluso que pudieran echar a volar.

   Los chamanes, posteriormente, recogían la orina de los renos narcotizados para su propio consumo. Si atamos los cabos, no es difícil imaginar cuál podría ser el origen real del mito de los renos voladores de Santa Claus. Bajo los efectos psicotrópicos de los alcaloides, cualquier persona sería capaz de afirmar con rotundidad haber visto volar sobre su cabeza un trineo de madera cargado de regalos, empujado por nueve enormes renos colocados y dirigido por un orondo anciano barbudo, con un ligero regusto de orina en la boca y vestido con un ridículo pijama colorado. 

El psicodélico mito de Santa Claus